>Biodanza en Acuario

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El poder de la danza en la integración del ser humano es un hecho incuestionable. Ciertamente que cada uno de nosotros tiene su propio movimiento, su propia danza. De hecho hay personas que en su caminar parecen que van bailando por la vida, ligeros, abiertos, con el pecho dispuesto a dar y recibir. Hay otros en cambio que su andar parece más bien un vía crucis, con la cabeza caída, los hombros proyectados hacia adelante, mirando el infinito más allá del suelo. El movimiento corporal es un alimento del alma, en el sentido de que facilita la percepción conciente del vehículo en el que se mueve nuestra alma. Pero cualquier tipo de movimiento no alimenta el alma sino el movimiento pleno de sentido, es decir, “todo mi ser, todo mi sentimiento lo expreso en mi movimiento”. En este sentido los movimientos de los gimnasios, o cualquier otro sistema mecánico para el cuerpo no alcanzan la profundidad necesaria para percibirnos a nosotros mismos danzando la vida.
La bio-danza si facilita experimentar y vivenciar el propio movimiento de cada uno además de facilitar la expresión de patrones vitales reprimidos o aletargados. A diferencia de otras danzas como la salsa, o la danza clásica en la que los pasos están marcados, los gestos calculados y todo bien reglado, la bio-danza o la danza de la vida está llena de creatividad, espontaneidad y originalidad. Cada ser humano tiene su propio movimiento, su propia expresión de su ser profundo y eso lo convierte en una genuina expresión de la unidad de la vida subyacente. Esa originalidad está para compartirla, mostrarla, sentirla…
Danzar la vida, celebrar nuestra existencia, despejar nuestras células de cualquier patrón rígido y permitir que nuestra alma se exprese a través de nuestro cuerpo de forma original, bella y sensitiva…es un camino hacia el interior, es una herramienta que permite aflorar y despejar nuestros 27 sentidos, es un camino hacia el ser, hacia el centro de uno que es uno con el universo.

El movimiento humano es la expresión del movimiento de la vida. La vida es energía creativa en constante fluir. El movimiento humano tiene la cualidad de sintonizar con el fluir de la vida, percibiendo la energía que somos a nivel sub-atómico, creando nuevos patrones expresivos del ser.

“Mi danza es una expresión del Dios que habita en mí”

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