Parte intuitivo. Agosto 2018.

Hace algunas semanas, improvisando unos acordes con la guitarra, los ojos cerrados y en medio de esos trances creativos que me propicio de vez en cuando, salió una frase que me llamó la atención y también la de Sheila, que estaba presente conmigo y dijo – ¡Anota esa frase porque es muy real y actual!-. La frase en cuestión era

-¿dónde están los sanos cuerdos del nuevo mundo?

Quizá esta frase refleje el sentir de algunas personas que aún sostienen un atisbo de claridad en su mente y en su corazón ante tanta desidia colectiva. Quizá más de uno haya expresado de alguna manera esta frase en sus interacciones cotidianas. Los que hemos podido percibir las posibilidades reales de la emergencia de una nueva humanidad estamos en tiempos desafiantes. No porque se haya extinguido esa posibilidad de cambio. Más bien porque las trampas sistémicas en las que vivimos envueltos están tan activas que, como parásitos hambrientos, no dejan de atacar, boicotear y vampirizar la energía vital y transformacional que emana de nuestros cuerpos.

He de reconocer que llevo un tiempo decepcionado con la humanidad. Cuando uno experimenta lo trascendente y atesora la iluminada comprensión que esta dimensión de la experiencia humana ofrece, en ocasiones surge la frustración ante el enfrentamiento de lo posible (y visionario) con lo real. Como dice uno de mis versos

“No hay nada más sublime y aterrador que saber que es posible un mundo mejor”.

A veces, ver más allá de lo inmediato, aún siendo una bendición, no deja de ser  un desafío. “Te quiero por lo que eres y sobre todo, por lo que puedes llegar a SER” es una frase-sentimiento que me he repetido frecuentemente en mis interacciones personales y profesionales. Para mi cada ser humano representa a toda la humanidad y lo que hace con su propia existencia repercute inexorablemente en el resto. Y aunque he presenciado muchísimos casos de superación personal, de logros personales, de conquistas existenciales… a veces, como humano que soy, me decepciono. Y no con las personas individuales con las que trabajo o he trabajado sino con las trampas fundamentalistas y sistémicas (tanto políticas como científicas, culturales, sociales y en un grado más amplio…planetarias) que siempre actúan tratando de desintegrar toda nueva posibilidad novedosa y emergente, tanto en lo personal como en lo colectivo.

Los fundamentalismos están a la orden del día. Parece que el divide y vencerás sigue siendo la estrategia preferida. Fundamentalismo ideológico, fundamentalismo religioso, fundamentalismo político, fundamentalismo científico… A mi me encanta la ciencia, siempre me ha gustado. Como decía mi maestro Eric Rolf -soy un artista con un fuerte ramalazo científico. Sin embargo una cosa es ciencia y otra cosa fundamentalismo científico. En los últimos meses he podido presenciar una auténtica caza de brujas en el mundo de la ciencia contra las llamadas pseudociencias. Y aunque en parte no me parezca mal, porque es cierto que hay mucho “canchanchan” que se trata de aprovechar de la debilidad y la vulnerabilidad circunstancial humana, tampoco me parece coherente el modus operandi del oficialismo porque los mismos organismos científicos también tratan de hacer lo mismo, imponer su supremacía, eso sí, de manera ¿”justificada”?.  Una vez más nos vamos a los extremos, defendiendo “verdades” que, si fueran ciertamente “verdades”, no necesitarían defensa alguna. Quizá sea un poco Aristotélico. Pero considero, igual que él, que “en el centro está la virtud”. Entre los extremos siempre hay un lugar central para el encuentro enriquecedor y fructífero. Quizá sea cuestión de utopía, esa que nos impulsa a caminar. Pero prefiero aunar visiones, integrar paradigmas, expandir los enfoques y abrazar la ciencia, la filosofía, la fenomenología, la mística y el arte como si fueran círculos concéntricos que impulsan, latido a latido, la EVOLUCIÓN del conocimiento y sobre todo, la evolución del ser humano. Integrar a través de las experiencias sentidas, aportar posibilidades para SER, crear lazos que unan, no que separen. De ahí nace este logo, un corazón que se expande a través del cuerpo humano en círculos expansivos, un dibujo que en estos últimos 10 años he plasmado una centena de veces y que constituye la esencia de una nueva manera de ser y de estar en el mundo.

Foto EscuelaHace algunos días leía una investigación científica que había descubierto el sustrato cerebral de la deshumanización. Según esta investigación la deshumanización activa las zonas cerebrales relacionadas con el lenguaje y el reconocimiento facial. Y precisamente estamos inmersos en un batiburrillo mediático sobre el uso del lenguaje, sobre lo que se puede y no se puede decir, sobre las connotaciones sexistas y/o racistas de las expresiones… ¿Te ha pasado que ya no sabes si puedes decir a alguien que hermosa/o estás?

No me parece mal que surja este “debate”. Pero me planteo si este debate fomenta la solidaridad o polariza hacia más deshumanización. Llevamos siglos de discusiones y diatribas a nuestras espaldas y aunque todo ha cambiado en la superficie, nada ha cambiado aparentemente en lo profundo. Hace falta algo más, algo con menos palabras y más SENTIRES, algo con menos juicios y más miradas compasivas. Estoy seguro que el reconocimiento pleno de un humano ante otro humano activa otras áreas cerebrales.

“Desde que tenemos visión histórica sobre lo acontecido en la Tierra, siempre ha existido la guerra. A alguien interesa que se perpetúe esta realidad.”

Las corrientes de opinión, que tan inteligentemente diseñan los responsables de los medios de comunicación, parece que están pensadas para anular la capacidad siempre novedosa y expansiva de discernimiento, comprensión, integración y sentido común que el corazón humano alberga. La velocidad con la que emerge la información anula la capacidad de verificación y discernimiento. Es como si existiera un complot a favor de la superficialidad y la banalización de todas las cosas, estimulando la inmediatez de los discursos sin pasar de ninguna manera por el corazón humano. ¿Dónde están los sanos cuerdos del nuevo mundo? Considero normal que muchos hayan sentido cierta decepción y desesperanza durante estos últimos meses. Me acuerdo del famoso psicólogo y psiquiatra Carl Gustav Jung, que en un momento de su vida llegó a repudiar a la humanidad y al racionalismo científico y tecnológico de su época.

“Esa fuerza espiritual ha sometido el orgullo y arrogancia de mi capacidad de discernimiento. Se llevó mi fe en la ciencia, me despojó de la satisfacción que me proporcionaba la comprensión y ordenamiento de las cosas, y dejó morir en mí la devoción por los ideales de nuestro siglo. Me empujó hacia las cosas más simples, valiosas y elementales”.
-Liber Novus– Carl Gustav Jung-

Los conceptos, si no son encarnados, se los lleva el viento. Y hoy por hoy, en este sistema tan viciado, vivir una vida coherente y a la vez divergente con lo establecido es signo casi de psicopatología. Por algo decía Krishnamurti que “no es saludable estar adaptado a una sociedad profundamente enferma”. Ante esto prefiero la soledad, el anonimato y el servicio verdadero.

“En ocasiones la locura…lo cura todo.” 

Parte Intuitivo

Hace varios años que llevo diciendo que ya no existen las estaciones. Sólo hay que echar un vistazo alrededor para darse cuenta de que estamos en otro tipo de ciclo. A lo sumo, las fechas de los solsticios y equinoccios quedarán para los que siguen haciendo rituales, celebraciones y cosas por el estilo. Pero en lo que se refiere a la vida y sus ciclos evolutivos mayores, las estaciones, por ahora, son cosas del pasado.

No es el cambio climático lo que está generando estos cambios en la tierra. En todo el sistema solar y en los planetas que lo constituyen están ocurriendo alteraciones climatológicas excepcionales por causas “científicamente” desconocidas. Hace apenas unas semanas los científicos pudieron detectar el origen de una emisión de energía cósmica que atravesaba nuestro planeta. Lo localizaron en Orión. Y aunque la emisión de energía es de neutrinos, partículas energéticas que, según nuestro conocimiento actual, apenas interactúa con la materia, ¿no podría estar en la base de los cambios emocionales, mentales y físicos que muchos hemos sentido durante estos meses? Teniendo en cuenta que nuestra materia sólo constituye el 4% de todo lo que somos…es para planteárselo, ¿no?.

Algo está cambiando aunque no se sepa “científicamente” su causa, aunque sí su dirección. Podemos intuir, y en eso tengo algo de experiencia, que es hacia una transformación ansiada y también necesaria. Pero de nosotros depende alinearnos con su tendencia y con este nuevo ritmo.

Entiendo que muchas personas con ideales y aspiraciones de vivir en un mundo mejor hayan sentido cierta desilusión ante los acontecimientos y sensaciones de estos últimos meses. Las relaciones cotidianas están aderezadas actualmente de una alta reactividad defensiva. Y el sentimiento de estar solos ante las “instituciones” que supuestamente nos respaldan no ha dejado a nadie inmutable. Los medios de comunicación y sus noticias “esperanzadoras” generan constantemente un ambiente enrarecido y caótico, un intento de desensibilizar de manera sistemática la respuesta de las personas ante la violencia, el abuso, la corrupción y la perversión. En este escenario el sistema oculto que está detrás de toda manifestación en la Tierra campa a sus anchas en medio de este tiempo de desolación, de oscurantismo, de ignorancia. ¿Tiramos la toalla o nos sublevamos?

Estamos en un tiempo de grandes desafíos. Es normal que muchas personas traten de refugiarse en sus propias “cuevas” y que no encuentren motivos para salir al exterior. Es como si estuviéramos esperando un momento más propicio para salir, compartir y socializar. A veces, sobre todo cuando la energía colectiva está tan convulsa, no nos queda otra que cuidarnos, aunque sea en soledad. Yo personalmente hace varios años que no puedo estar cómodo en lugares plagados de gente (conciertos, manifestaciones, etc.). Y aunque apoyo constantemente cualquier manifestación que implique un cambio y una transformación de la realidad humana y social, no puedo participar activamente. La sensibilidad tiene sus luces pero también sus dificultades.

La amnesia es posible que se haya dado en aquellos que alguna vez rozaron la belleza del amor y la trascendencia hecha carne. Es como si de repente “algo” hubiera borrado ciertos registros experienciales profundamente vividos y hayan puesto en su lugar “ideologías” que retornan el enfrentamiento y la separación. Cuando alguien te dice lo que tienes que hacer es mejor no hacerle caso. En cambio cuando alguien te muestra la dirección que seguir para que elijas y experimentes por ti misma el sendero…ahí estamos hablando de otra cosa. A esas personas que se olvidaron de lo esencial les deseo mucha suerte. A los que siguen sosteniendo su propia verdad les doy las gracias.

Siempre he sido un escéptico, de esos que ni creen ni dejan de de creer. Me he basado siempre en la experiencia directa, como buen artista con ramalazos científicos. Hay cosas que sé que aún no puedo compartir. Quizá sea el título de algún libro, “lo que siempre supe y nunca te conté”, por ejemplo. Por eso elijo compartirlo en pequeños grupos, con personas que sé que están abiertas a SENTIR PARA SABER.

No puedo dar más datos sobre lo que vendrá porque no lo se. Soy intuitivo, no adivino. Lo que sí sé es que en el corazón sigue estando la clave de toda transformación y de toda orientación sentida. Te invito a que lo cultives. Mi trabajo de fin de grado en psicología iba sobre esto. Vivir desde el corazón, una tarea únicamente reservada para los valientes. ¿O tendría que decir valientas?

Ya ves, contradicciones de un tiempo convulso.

En la víspera de mi sexto viaje a Perú, donde espero integrar más claridad y nueva información…te mando un fuerte abrazo….seas quien seas.

JS

 

 

 

 

 

2 comentarios sobre “Parte intuitivo. Agosto 2018.

  1. Gracias, gracias…. y continuamos hacia la claridad, por momentos en soledad, por momentos compartiendonos.
    Te amo💞

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