Post. 2019

Encontrarle el sentido a los acontecimientos que vivimos, tanto en lo individual como en lo colectivo, a veces no es tarea fácil, sobre todo si uno no tiene o no ha encontrado un punto de referencia interno desde el que aferrarse y sostenerse. Incluso para los que han encontrado ese punto de referencia, en muchas ocasiones tenemos que lidiar con la incertidumbre y aceptar que a veces no sabemos por qué ni para qué nos pasan ciertas cosas.

2018 ha sido un año donde quizá hemos enfrentado en muchas ocasiones este vacío de la ausencia de sentido. Por momentos sentimos que estamos en flujo y a los pocos días este estado se disipa, sumiéndonos en un estado en ocasiones caótico, a veces de resignación, pasando por la desesperación y por momentos también por la desesperanza. Pero han sido estados transitorios, cortos en el tiempo, oscilantes,… un pulsar entre el movimiento y la quietud, entre el Eureka y el “no sé nada”…quizá como el clima, que de un día para otro cambia y uno no sabe ni qué ponerse para salir al mundo.

El sentido de una humanidad en constante evolución, en constante camino hacia la trascendencia y el descubrimiento del sí mismo, ha quedado oscurecido en los últimos tiempos  por estrategias mediáticas y oficialistas que han reactivado el “cientificismo”, esto es, “el compromiso dogmático con una filosofía materialista que, en lugar de examinar atenta y cuidadosamente lo espiritual, con la intención de comprenderlo, se limita a desdeñarlo y tratar de “explicarlo” “(Richard T. Tart, 2013). La visión totalizadora e integradora de la vida, la comprensión del ser humano como materia-energía-espíritu, algo que ha venido creciendo en los años anteriores, tanto desde ámbitos científicos como filosóficos y lo más importante, desde el corazón y la experiencia sentida de muchos seres humanos en la tierra, ha recibido un mazazo mediático, reactivando una visión reduccionista, separatista y newtoniana de la vida, tratando de embarrar el sendero de la auténtica liberación del ser humano, de su genuina y profunda capacidad de integrar nuevas comprensiones y revelaciones sensibles e intuitivas, de atesorar y abrazar su glorioso destino trascendente.

Tal como explica Manuel Almendro, “[…]El tecnocientificismo unido al móvil económico especulativo se ha convertido en un fundamentalismo poseedor de la verdad[…]” (Manuel Almendro, 1995). Este renacido fundamentalismo científico, al igual que los fundamentalismos religiosos o los políticos y nacionalistas, lo único que procuran es la polarización y la división del ser humano, enfrentándonos por defender ideas y dogmas irreflexivos, desviando nuestra atención de los aspectos cruciales y determinantes para nuestra supervivencia, como el aprecio por la vida, el sentimiento de pertenencia a una única humanidad o en el sentido más amplio y profundo, nuestra vinculación con la Ley Natural y con el Universo. Por otro lado, es cierto que en ciertos sectores ha generado un motivo de reflexión concienzuda y auténtica pero que no cuelan en las grandes masas porque no disponen de los medios para hacerse globales (por ahora).

“Los medios son el soporte de los intereses del poder”.
-Noam Chomsky

Las estrategias de manipulación masiva son bien conocidas desde hace bastante tiempo. El decálogo que nos dejó el gran Noam Chomsky no tiene desperdicio. Este tipo de estrategias, dirigidos a la humanidad mecanizada, a la que no tiene sentido crítico sino que repiten como loros los discursos del día, esa humanidad que se deja llevar por líderes de dudoso estado de salud mental y organizaciones pervertidas y corruptas, aunque no cuele en los seres despiertos y sensibles, sí crea un ambiente tóxico y en ocasiones irrespirable alrededor que muchas veces nos impulsa a posicionarnos y/o, en el mejor de los casos, salir disparados.

“No es lo mismo poseer una mente que estar poseído por una mente.”

Sin embargo, a pesar de estas nuevas capas de basura vertida sobre la superficie de la mecánica mental del sistema, a pesar de la evidente locura revelada en todos los estamentos e instituciones que dirigen este mundo, aquí seguimos algunos pocos que, liberados de esta mecánica, en mayor o menor medida, seguimos confiando en el misterio de nuestra propia presencia en el mundo, tratando de aportar nuestro rayito de luz y esperanza en plena transición re-evolutiva, una transición que continúa eternamente y que no depende de ningún tipo de manipulación porque su esencia va más allá de cualquier ley humana. A lo sumo podemos hacérnoslo más dramático o más amable pero nuestra conexión con la naturaleza, con la sabiduría contenida en nuestra propia biología, esa que responde irremediablemente a los cambios físicos y cósmicos, quedará siempre presente, aportando oportunidad y posibilidades para el desenvolvimiento de lo inevitable.

Este post está dirigido a esos que vislumbran la luz más allá de la oscuridad, a esos que aún confían en que es posible algo distinto, a esos que quieren salir del círculo del sufrimiento mediatizado o que ya han salido pero siguen siendo humanos en medio de la toxicidad psíquica que nubla el mundo. A los adolescentes y los jóvenes que intuyen que debe existir algo más pero que por formación o manipulación no han podido vivenciar, en un entorno cuidado y amoroso, las posibilidades infinitas de su propia conciencia. A los mayores con los que comparto gran parte de mi tiempo y de mi experiencia, y que también tienen inquietudes trascendentes y me lo hacen saber entre sesión y sesión, buscando un espacio donde poder reflexionar sin límites dogmáticos el sentido de su vida y de su existencia. Y a todos los que siguen acudiendo a mi consulta, a los espacios que diseño para que experimenten el poder de su propia presencia, a los que se sienten inspirados, no por lo que les digo sino por lo que sienten cuando están un ratito conmigo… a todos ellos les dedico este post y les doy las gracias por darle sentido a mi servicio y mi presencia.

No olvidemos nunca que “detrás de toda nube, hay un sol que resplandece”.

JS