Parte Intuitivo. Agosto 2020

«No perder de vista la dimensión profunda que todo lo sostiene. Mantener el centro sentido, el espacio donde el tiempo y el espacio desaparecen. Los que han sentido la eternidad en sus propias células saben el significado de estas palabras. Cuando la superficie está agitada, en lo profundo encontramos la calma.

Nadie dijo que la transición fuera fácil. Como toda transmutación quitarse la piel de lo viejo duele. Pero el dolor es pasajero, no así el sufrimiento, que dura lo mismo que dura nuestro apego. Cultivar la presencia, renovar el compromiso con uno mismo y con la existencia, ser el silencio que sostiene todos los ruidos, cuidarse. Es tiempo para esto y nada más.

La experiencia de los demás no tiene por qué ser tu experiencia. Así ha sido siempre aunque por momentos lo hayamos olvidado. Compararse no tiene sentido. Eres un ser único, tienes tu propio sendero. Y aunque todos pasamos por las mismas encrucijadas, tu andar es solo tuyo. Nadie puede caminar con tus pies. Por eso cuida donde pisas, hazte responsable de las cualidades de tu andar. Nuestra experiencia de vida es más una cuestión de cualidades que de cantidades. La avaricia es una enfermedad que pertenece a los que no aceptan el VACÍO.

No perder la perspectiva evolutiva de todo lo que acontece. A veces el SENTIDO no se encuentra, hay que dárselo. La intuición vive en el sentido pero requiere de la acción para hacerla manifiesta. Es ahí donde la intuición y la intención se unen. La manifestación es la consecuencia. Pero no olvides que la incertidumbre siempre será un paso intermedio previo a la manifestación. No importa si la acción es externa o interna. La incertidumbre es un estado profundamente creativo que pone a prueba tu confianza.

Inspírate, recuerdate, cierra los ojos y abraza tu corazón.

A falta del abrazo de los otros, tu eres tu propio abrazo. «

Jorge Santana

Hacía mucho tiempo que no me paraba a escribir textos surgidos de la inspiración como este. Me producen un gozo que supera cualquier otro placer banal. Sumergirse en las profundidades de uno mismo (del mismo uno) tiene ese ingrediente de vacuidad, flotabilidad y silencio que realmente renueva. Es como despertar de un sueño donde el sueño es la realidad que vemos todos los días.

Carl Jung decía que «quien mira hacia fuera sueña, quien mira hacia adentro despierta». Quizá estamos viviendo actualmente un sueño tornado en pesadilla, aunque creo que la pesadilla siempre estuvo; ahora simplemente se ha vuelto más «virulenta». Como siempre ocurre en cualquier proceso de transformación, las fuerzas de lo viejo, de lo establecido, de lo conocido, tienden a frenar y ralentizar lo nuevo emergente. Así ha ocurrido siempre, tanto en el ámbito personal como colectivo. Es la clásica «resistencia al cambio».

Existen diferentes tipos de cambios. Algunos son deliberados (como hacer dieta, dejar de fumar, cambiar el ropero, etc.). Otros vienen impuestos desde fuera (como los que estamos viviendo actualmente). Pero existen otros cambios que vienen impulsados por un hálito desconocido y trascendente, un llamado interior que no todo el mundo es capaz de pararse a escuchar. Este tipo de cambios que responden a saltos profundos en la conciencia son vitales para nuestro desarrollo evolutivo. En ocasiones nos impulsan a mostrarnos al mundo en nuestro esplendor y en otras ocasiones a recogernos en nuestros templos de algodón y pasar desapercibidos. Los que hemos vivenciado la muerte y renacido a la vida (los místicos) sabemos de qué hablamos. Pero somos una inmensa minoría entre miles de millones de seres que aún se creen que estamos aquí por casualidad. De ahí que nos sintamos solos en nuestra forma de observar la realidad. Pero he de decir que es una bendición esta soledad. En ella nunca me he sentido solo.

Cada salto científico hacia un nuevo paradigma ha sido precedido por una resistencia del sistema vigente. Cada cambio personal hacia una nueva forma de ser o de estar ha ido precedido de una resistencia personal, familiar o incluso social. En el sistema en el que vivimos, que por mucho que intentemos ponerle cara y nombre a sus regidores no lo vamos a encontrar porque pertenecen a lo invisible, sigue ocurriendo esto, quizá con mayor «virulencia». Pero no es nada nuevo. Releyendo los artículos de este blog encontré el que escribí a finales de 2018. Voy a compartir un pedacito de ese post.

«El sentido de una humanidad en constante evolución, en constante camino hacia la trascendencia y el descubrimiento del sí mismo, ha quedado oscurecido en los últimos tiempos por estrategias mediáticas y oficialistas que han reactivado el «cientificismo», esto es, «el compromiso dogmático con una filosofía materialista que, en lugar de examinar atenta y cuidadosamente lo espiritual, con la intención de comprenderlo, se limita a desdeñarlo y tratar de «explicarlo» «(Richard T. Tart, 2013). La visión totalizadora e integradora de la vida, la comprensión del ser humano como materia-energía-espíritu, algo que ha venido creciendo en los años anteriores, tanto desde ámbitos científicos como filosóficos y lo más importante, desde el corazón y la experiencia sentida de muchos seres humanos en la tierra, ha recibido un mazazo mediático, reactivando una visión reduccionista, separatista y newtoniana de la vida, tratando de embarrar el sendero de la auténtica liberación del ser humano, de su genuina y profunda capacidad de integrar nuevas comprensiones y revelaciones sensibles e intuitivas, de atesorar y abrazar su glorioso destino trascendente.

Tal como explica Manuel Almendro, «[…]El tecnocientificismo unido al móvil económico especulativo se ha convertido en un fundamentalismo poseedor de la verdad[…]» (Manuel Almendro, 1995). Este renacido fundamentalismo científico, al igual que los fundamentalismos religiosos o los políticos y nacionalistas, lo único que procuran es la polarización y la división del ser humano, enfrentándonos por defender ideas y dogmas irreflexivos, desviando nuestra atención de los aspectos cruciales y determinantes para nuestra supervivencia, como el aprecio por la vida, el sentimiento de pertenencia a una única humanidad o en el sentido más amplio y profundo, nuestra vinculación con la Ley Natural y con el Universo. Por otro lado, es cierto que en ciertos sectores ha generado un motivo de reflexión concienzuda y auténtica pero que no cuelan en las grandes masas porque no disponen de los medios para hacerse globales (por ahora).

“Los medios son el soporte de los intereses del poder”.

Noam Chomsky

Las estrategias de manipulación masiva son bien conocidas desde hace bastante tiempo. El decálogo atribuido «supuestamente» a Noam Chomsky no tiene desperdicio. Este tipo de estrategias, dirigidas a la humanidad mecanizada, a la que no tiene sentido crítico sino que repiten como loros los discursos del día, esa humanidad que se deja llevar por líderes de dudoso estado de salud mental y organizaciones pervertidas y corruptas, aunque no cuele en los seres despiertos y sensibles, sí crea un ambiente tóxico y en ocasiones irrespirable alrededor que muchas veces nos impulsa a posicionarnos y/o, en el mejor de los casos, salir disparados.

Sin embargo, a pesar de estas nuevas capas de basura vertida sobre la superficie de la mecánica mental del sistema, a pesar de la evidente locura revelada en todos los estamentos e instituciones que dirigen este mundo, aquí seguimos algunos pocos que, liberados de esta mecánica, en mayor o menor medida, seguimos confiando en el misterio de nuestra propia presencia en el mundo, tratando de aportar nuestro rayito de luz y esperanza en plena transición re-evolutiva, una transición que continúa eternamente y que no depende de ningún tipo de manipulación porque su esencia va más allá de cualquier ley humana. A lo sumo podemos hacérnoslo más dramático o más amable pero nuestra conexión con la naturaleza, con la sabiduría contenida en nuestra propia biología, esa que responde irremediablemente a los cambios físicos y cósmicos, quedará siempre presente, aportando oportunidad y posibilidades para el desenvolvimiento de lo inevitable.«

La polarización que vivimos actualmente no es nada nuevo. Pareciera un movimiento orquestado desde hace mucho tiempo y que ahora toma más intensidad ante el recorte de libertades como consecuencia de esta crisis sanitaria. No voy a negar la existencia del virus. Tampoco voy a entrar en la dicotomía de si es una pandemia o una «plandemia». La crisis que estamos viviendo no es sólo sanitaria y económica, es fundamentalmente existencial. La ausencia de valores trascendentes y compartidos por toda la humanidad es un peligro para nuestra propia supervivencia. Se torna necesario encontrar, hacer confluir y actualizar los valores y las verdades universales que compartimos como miembros de una sola humanidad. Quizá sea el momento de retomar los fundamentos de la «filosofía perenne», descansar en nuestro propio interior y conectar con lo que nos une. La conciencia posee sus propios valores y principios. Y esos sí que son comunes para toda la humanidad. Albert Einstein decía que «el mundo como lo hemos creado es un proceso de nuestro pensamiento. No puede ser cambiado si no cambiamos nuestro pensamiento». Yo añadiría algo más, «no sólo somos nuestro pensamiento, somos aquello que es capaz de observarlo». En esa dimensión supramental de la experiencia humana podemos transformarlo todo.

Gracias por leerme.

J.S.