El desarrollo intuitivo

“La intuición es un don sagrado y la razón su fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que honra al sirviente y ha olvidado el don”

Albert Einstein

La intuición es una consecuencia evolutiva. Su desarrollo va a la par de la elevación y evolución de la conciencia humana. Encaminarse en el sendero de la evolución y la elevación requiere ante todo de dos elementos fundamentales; la confianza por un lado y la rendición por otro.

Por confianza entendemos ese sentimiento profundo y trascendente que nos impulsa a vivir los para qués de nuestra vida en vez de los por qués. No se trata de confiar en un Dios religioso ni en nada creado sino más bien es un sentimiento que está más allá de toda forma pero que está pleno de sentido. Einstein lo expresó muy bien al decir que “si algo debemos conocer del universo, es que está de nuestra parte”. Creer que la vida está de tu parte, aunque ahora no lo parezca, abre una posibilidad para la revelación intuitiva, para encontrar las respuestas a los para qué, lo que llamamos sincronicidad.

La rendición,  por otro lado, implica un aceptar constante y activo, no pasivo, de lo que pasa a nuestro alrededor, concretamente en los dos metros y medio de diámetro que te rodean y en tu interior. En la aceptación compasiva y sostenida no hay resistencia, hay sensibilidad, hay fluidez y es normal que surja la emoción como recurso integrativo y generativo.

Hoy en día la ciencia comienza a confirmar la validez de la intuición y a aceptar los poderes psíquicos u supramentales como parte inherente a nuestra naturaleza humana. Muchos científicos comienzan a postular que  la intuición, tan desdeñada y criticada a lo largo de la historia, es mucho más fiable a la hora de tomar decisiones y de dirigir nuestra conducta que el pensamiento racional y lógico. Nuestra conducta se rige más por cuestiones emocionales e intuitivas que por pura racionalidad lógica.

“El corazón tiene razones que la mente no pude comprender”

Como consecuencia de la inercia del viejo paradigma en el que, “si la ciencia lo dice, así tiene que ser”, continuamos esperando a que la ciencia verifique ciertas cosas para atrevernos a experimentarlas. Para los que lo hemos experimentado, en cambio, observamos que la ciencia, tal cual, nunca podrá alcanzar el arte y el saber que surge de la experiencia. Por eso están emergiendo nuevos paradigmas científicos integradores que resaltan el papel de la experiencia, las emociones y el sentimiento como canal integrador para el saber.

Pero ¿qué es la intuición?

Clásicamente se habla de intuición como el acceso a un saber certero sin mediación de procesamiento racional alguno. Es un saber que llega sin saber cómo lo sabes. Carl Jung fué quizás de los primeros en hablar y estudiar el dominio intuitivo -que él llamó supramental- como fuente principal de sabiduría arquetípica. Lo cierto es que la intuición está íntimamente ligada a la capacidad del ser humano de percibir el aspecto más sutil y energético de la realidad. Implica la capacidad de vehiculizar la información presente en el espectro amplio, inmanente y trascendente de nuestra existencia con fines evolutivos y creativos. No tiene que ver con la videncia en el sentido clásico de la palabra. Es algo que va más allá de lo conocido. Es la percepción pura y clara que despeja toda duda y densidad.

  “Todo lo que existe está envuelto en un campo de energía vital y creativa que le da sentido y el ser humano posee los sentidos adecuados para acceder a esta realidad más sutil, interpretar la información aquí presente y vehiculizarla de manera adecuada, encontrando nuevas respuestas creativas y generativa que impulsen el desarrollo y la evolución del saber humano”.

La intuición está directamente relacionada con la evolución de la conciencia humana.

“A medida que el ser humano va desplazando su nivel perceptivo desde los sentidos sensoriales exteriores, encargados de percibir y permitirnos relacionarnos con la realidad física, hacia los sentidos interiores, sentidos más sutiles que nos permiten relacionarnos con esa realidad mayor y trascendente que nos envuelve y que somos, vamos encontrando nuevas maneras de ser y de estar y van emergiendo nuevas respuestas adaptativas que impulsan la propia evolución de la creatividad humana.”

La intuición es el vehículo capaz de integrar ambas realidades, la exterior y la interior dentro de un marco perceptivo más amplio y coherente donde recuperar el sentido de sacralidad por la vida y desde donde comenzar a manifestar nuevas respuestas y comportamiento adaptativos de elevado nivel. La intuición está relacionada con esa parte eterna de nuestra conciencia, el alma y supone un canal que nos permite conectar con nuestra fuente de sabiduría interior, con nuestro poder creativo más elevado, movilizando la infinidad de recursos y energías arquetípicas que están presentes en nuestro interior.

La intuición tiene distintos grados de profundidad. Nosotros hemos dividido de manera didáctica tres niveles de desarrollo intuitivo progresivo.

El primer nivel tiene que ver más con el cuerpo, con la presencia y con el estado de atención alerta. Este primer nivel se despierta al activar y estimular nuestros sentidos físicos, los cinco sentidos sensoriales que nos permiten interactuar con el entorno, con la realidad física. La intuición está íntimamente ligada a nuestros instintos y sigue más o menos un principio impulsivo que nos empuja a actuar automáticamente ante la presencia de determinados estímulos.

El primer paso para comenzar a funcionar más intuitivamente en este nivel es el de comenzar a relacionarte con la realidad de manera causal y no casual. Cuando nos atrevemos a modificar nuestras creencias y a experimentar que nada de lo que nos ocurre es causa del azar sino de la sincronía comenzamos a relacionarnos de otra manera con este misterio que llamamos vida. La creencia en la casualidad es una creencia que quita poder. Nos pone en una situación de víctima, de meras marionetas, perdiendo así la posibilidad de disfrutar plenamente de la vida. Pero si nos atrevemos a cambiar esta creencia básica por una nueva, como puede ser “nada es por casualidad, todo tiene un sentido para mi vida”, estamos reclamando nuestro poder co-creador de la realidad. Si nada es casual todo lo que nos ocurre responde a un para qué. Este para qué nos pone en dirección, activa nuestros recursos internos y externos y nos invita a fluir con la vida, estando atento a las señales que nos muestra, orientándonos por el camino más fácil para nuestro desarrollo. Este primer nivel intuitivo corresponde con nuestra naturaleza más animal y tiene a los instintos como fieles aliados para la conservación y el desarrollo evolutivo de nuestra vida.

 La mejor herramienta para activar este primer nivel intuitivo es el movimiento físico. Danzas tribales, danza movimiento, danza contact intuitiva, Biodanza y fundamentalmente Indanza son las herramientas integrativas más adecuadas para comenzar a activar nuestra sensibilidad hacia la vida, nuestros instintos y nuestra intuición.

El segundo nivel de desarrollo intuitivo  implica un salto cuántico en la naturaleza de nuestra percepción. Implica ir más allá del aspecto físico para adentrarnos en el aspecto más emocional y energético de la existencia. En este segundo nivel emerge la inteligencia emocional de manera natural, esa capacidad que tenemos de percibir nuestras emociones, nuestros sentimientos y las emociones y sentimiento de los demás. La empatía, la capacidad de distinguir y discernir entre lo que es mío y lo que es del otro, el manejo emocional, la templanza, la serenidad son aspectos que se despiertan al desarrollar este segundo nivel intuitivo.  En este nivel surge la transformación e integración de nuestra naturaleza más humana, nuestro ego. Y asociado al ego es necesario hablar del concepto de sombra.

La sombra es el aspecto emocionalmente denso, asociado a nuestro ego (aunque también y en parte asociado a nuestra alma) que cargamos como consecuencia de la evolución de nuestra vida como almas. La sombra es esa parte “inconsciente” que condiciona nuestro comportamiento y que se gesta no sólo en las experiencias que tenemos en esta vida sino también en nuestra experiencia previa como almas. Hay sombras que se forman en esta vida, en nuestras experiencias primarias al nacer (protovivencias) o durante nuestro desarrollo y hay otras sombras que vienen de nuestro linaje familiar y de nuestra historia evolutiva a lo largo de muchas vidas. Para desarrollar la inteligencia emocional e intuitiva de segundo nivel es fundamental disipar la sombra, transformar esa sombra para permitir que la luz del alma o de nuestra conciencia más profunda se unifique e integre con nuestro ego, con nuestra personalidad. Este proceso nosotros lo llamamos de “sufrimiento eficiente” y es, de por sí, tremendamente transformacional porque nos abre a una nueva identidad más transparente a nuestro lado más trascendente. Supone una auténtica renovación existencial y una apertura profunda de nuestro corazón. Este proceso nos lleva a re-cordar quiénes somos y para qué estamos aquí. (Re-Cordar viene de re=volver y cordar=cardio=corazón). La disolución de nuestra sombra nos permite ver sin filtros, totalmente abiertos a la información y a la energía que fluye constantemente, tanto en nuestra relación con nosotros mismos como con los demás y con el universo, con la realidad multidimensional de nuestra conciencia. Esto nos lleva al tercer nivel de desarrollo intuitivo.

La intuición de tercer nivel implica una relación constante con nuestra naturaleza como almas. Supone un salto integrativo con nuestra tercera naturaleza, nuestra naturaleza divina y eterna. De alguna manera comenzamos a ser canales diáfanos de la inteligencia de la vida, héroes de nuestras propias creaciones, de nuestra propia realidad. Al identificarnos plenamente con nuestra realidad profunda, esa realidad que está más allá de las formas, comienza a fluir una energía de amor, de paz y de compasión a través de nosotros. Es el fin del miedo. En este nivel de desarrollo comienzan a activarse capacidades que antes eran llamadas extrasensoriales pero que realmente son capacidades sensitivas plenas y multidimensionales. Nuestros sentidos interiores dan un paso más y comenzamos a percibir aspectos más profundos de la matriz creativa de la vida. Podemos viajar en el tiempo, podemos percibir a seres de otras dimensiones elevadas de conciencia, podemos comunicarnos con los guías, con los espíritus, con los elementos de la naturaleza….De alguna manera el chamán, el mago, el guerrero de la luz, el maestro, el sanador, el Cristo interno, el Buda interno… se revelan, se desvelan, se despiertan en el centro de nuestros corazones y surge el servicio incondicional hacia la vida y sus expresiones. Aquí comienza realmente el auténtico camino. En este tercer nivel simplemente SOMOS y hacemos aquello que fluye desde nuestro corazón. Como diría Joseph Cambell este tercer nivel representa el camino del héroe.

Todo este camino o proceso supone una regeneración transformacional de nuestra identidad humana. La tendencia evolutiva de la vida es hacia este tercer nivel.

Los niños que vienen naciendo en esta última década ya vienen con estas cualidades intuitivas desarrolladas pero si no les damos el espacio armónico suficiente y los educamos consciente e intencionalmente para el manejo adecuado de estos dones pueden bloquear estas capacidades y caer en situaciones de riesgo para su desarrollo.

Este sencillo ejemplo explica someramente el proceso de la evolución del ser humano. Desde una identificación con las formas a una identificación más allá de las formas todos estamos llamados a transitar por este sendero estrecho, atravesando nuestra sombra con confianza y fe para poder saber lo que realmente es la luz. Y todo esto ocurre más allá de las palabras, más allá de nuestra tendencia a pensar y a comprender intelectualmente lo que nos pasa.

Se trata de “sentir para saber”.

Jorge Santana Valentín

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2 comentarios en “El desarrollo intuitivo

  1. Buenas tardes, ¿me harías el favor de enviarme la fecha en que publicaste esto? Quiero citar un fragmento de tu artículo en un trabajo académico. Gracias.
    Atte: Jorge

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